Somos el hogar de Amaia

Ahora que Amaia ya no está, sabemos por ella que en los más distintos barrios de pueblos distantes, opuestos, hay cientos sino miles de Amaias. Que vamos a ser todos Amaia cuando crucemos la puerta del cajero. Cuando entremos en la sucursal bancaria para negociar un crédito, un depósito o simplemente para sacar nuestro dinero de unas arcas manchadas de ignonimia. Amaia pagó a quienes le quitaron la vida en Barakaldo hace unas horas. El dinero que cobraron los inductores de su muerte fue revertido por el gobierno con la aprobación explícita o cómplice de la inmensísima parte de partidos políticos. Por el criminal filo del cuchillo del status quo político desfilan ahora sí manchándose sus vergonzantes caras alcaldes, concejales, gobernadores, diputados, congresistas. Amaia pagó de sus impuestos el rescate a una banca que no cejó en quedarse con su casa. Nuestra casa habrá de ser la de Amaia, y defenderla de los lobos y la usura que acechan hasta la muerte en este tuétano muy escaso de democracia.

Patxi López está “destrozado” por la muerte de una amiga; pero su ejecutivo, su partido ni en Barakaldo ni en la patagonia mental de sus dirigentes y asesores ha puesto orden o interés alguno en la criminal razzia social que están llevando a cabo los bancos impúdicos y los públicos; en los consejos de administración hubiera sido preciso enviar las brigadas antidisturbios y no en calles de copas cercanas a San Mamés; en los dorados despachos de las entidades bancarias se perpetran los disturbios sociales más graves habidos y por haber. El señor Urkullu ,que sucederá a López en Ajuria Enea, propone suspender los deshaucios, que no la usura bancaria. Es compresible esa “moderación” si recordamos que para él pidió el voto un señor que también fue vicelehndakari – qué cosas las del dinero, el gobierno y viceversa- y que se llama Mario Fernández, presidente de kutxabank, banco “de todos”, también de Amaia. Pongamos en el lugar de kutxabank cualquier ente de la misma ralea: todos tienen su nómina negra, propiciatoria, necesaria, de Amaias. Hasta ahora amparaba sus plusvaliosos deshaucios la ley, hecha por políticos curtidos en la ascensión en partidos sostenidos de avales y financiación bancarias. Mucho hecho, poco derecho y demasiado cohecho.

No escucharán de ningún político, desde los de medio pelo pero con dispendios por encima de 80.000 hasta los de sobrecarga de valores pero con gratificaciones modestillas, pronunciar la palabra terrorismo para describir la muerte de Amaia hace unas horas en Barakaldo. Terrorismo hubiera salido de su boca si Amaia se hubiera tomado la justicia por su cuenta. Las unidades antiterroristas de la ertzaintza del “destrozado” todavía Lehendakari no entran en los degradados salones y perniciosos despachos de caoba donde se urden las muertes como la de Amaia a razón de cientos al día. Tendremos que entrar los millones de Amaias que no queremos, que precisamos, no haya más Amaias, o que las haya pero entre nosotros, los suyos y en SU casa.

La persecución del delito es, lo padecemos, una tarea compuesta de partes que como cristales se cortan las más de las veces aunque en otras se ensamblen como el cuarzo. ¿Qué es persecución? ¿qué delito? ¿Puede el perseguidor convivir con su perseguido o ser las dos cosas a las vez?. Un antiguo consejero de interior del gobierno vasco es hoy un directivo de una entidad bancaria que procede a deshaucios como dios manda dia sí dia también.

Cuantas Amaias vivimos en nuestro barrio? Cuantos de nuestros hijos se van a llamar Amaia?

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